Goshinkai

Escuela de autodefensa

La autodefensa como camino de seguridad y superación personal

José Luis Prieto

José Luis Prieto

7º Dan Karate

José Luis Prieto, 13 de febrero de 2012

El lenguaje de la violencia

"Cualquiera puede enfadarse, eso es algo sencillo; pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado adecuado, en el momento oportuno, con el propósito justo y en el modo correcto, ciertamente, no resulta tan sencillo" - Aristóteles en Ética a Nicómaco

Seguramente nos encontramos muy familiarizados con aquellos elementos técnicos que forman parte de nuestro arte marcial o el estilo de karate que practiquemos. Sin embargo, algo que puede parecer obvio en el ámbito marcial, como es la agresión y todos los elementos que le rodean, parecen sernos ajenos o desconocidos.

Reducir el aprendizaje marcial y el desarrollo de habilidades de autodefensa al ámbito técnico, es una simplificación que acaba por reducir nuestro potencial a lo externo, lo trivial o lo superficial. Sólo cuando profundizamos mas allá de lo evidente, es cuando podemos llegar a entender las causas que nos permitirán desarrollar un sentido de prevención realmente efectivo.

La agresión es el último eslabón de una cadena de circunstancias, generalmente desconocidas, automáticas e inconscientes, que nos hacen reaccionar de acuerdo a unos patrones interiorizados y que no siempre son los mas acertados, ni los que más nos favorecen a medio y largo plazo.

Conocer el lenguaje de la violencia nos dota de un catálogo de habilidades que nos permite tener una actitud proactiva y de control ante una situación conflictiva. Evitando así ser reactivos y estar condicionados por el flujo del conflicto. El axioma "Karate-Ni-Sente-Nashi" (no existe primer ataque en karate), debería ir más allá de la interpretación en la que todos los kata empiezan con una defensa, para justificar así una resolución no violenta ante el conflicto

A falta de recursos o conocimiento, es habitual la simplificación de la respuesta ante el conflicto como una elección dicotómica entre luchar o huir. Para ser más precisos y elegir la respuesta más adecuada, hemos de comprender un conjunto de términos que nos permita diferenciar las distintas conductas conflictivas que existen, y que se resumen de manera visual en el siguiente cuadro sinóptico:

el lenguaje de la violencia

Figura1. El lenguaje de la violencia

Agresividad
Es una pulsión natural que dirige nuestros actos y nos motiva a la consecución de objetivos; Al ser bien utilizada, nos da energía y puede ser fuente de una sana competitividad. Sin embargo, mal gestionada, puede dar origen a la irritabilidad, frustración, enfado etc…
Violencia
Es la resultante de una mala gestión de la agresividad, y denota una falta de autocontrol emocional que puede venir motivado por una escasa tolerancia a la frustración y que suele dirigirse hacia las personas mas débiles
Hostilidad
Suele venir determinada por experiencias acumuladas, creencias y prejuicios; de forma que condicionan la predisposición hacia personas o actividades de una forma negativa
Agresión
Es la conducta hostil y destructiva cuya intención última es causar daño. Es la manifestación de la falta de otros recursos o habilidades sociales y emocionales. El daño a su vez puede ser entendido desde distintas perspectivas:

Daño físico
Todo lo concerniente a traumatismos, golpes o demás incidentes que puedan causar dolor o lesión
Daño material
Nuestros bienes, como extensión de nosotros mismos, pueden ser objeto de agresiones que de forma directa, inciden en nuestro perjuicio, en forma de agravante económico
Daño psicológico
En este capitulo podemos incluir todo acto que afecte a nuestra integridad moral, autoestima, honor, reputación, integridad, etc. Las consecuencias emocionales negativas podrían ser la escala para medir la cantidad de daño recibido.

Por otra parte existe una idea, tan extendida como poco exacta en el ámbito marcial, de considerar como agresión solamente los ataques físicos, sin darse cuenta de que éstas, suelen ser las menos habituales e ignorando otras que pueden causar mayores perjuicios y que son mas frecuentes. Del conocimiento de ellas depende en gran parte que podamos entender lo que sucede y que podamos intervenir adecuando la respuesta de manera congruente y proporcionada, que no genere mas problemas de los que trata de evitar.

Existen distintas formas de expresión de la agresión. Entre ellas:

Agresión emocional
fruto del enojo, del impulso emocional y generalmente como consecuencia de una falta de autocontrol.
Agresión reactiva
Como respuesta a una agresión recibida (objetiva) o percibida (subjetiva)
Agresión instrumental
Su objetivo es conseguir algo, por ejemplo, mediante gritos o amenazas
Agresión proyectiva o desplazada
Cuando se descarga contra terceras personas, que nada tienen que ver, toda la ira acumulada como consecuencia de un conflicto que no se pudo resolver (con el jefe, por ejemplo)
Agresión indirecta
Cuando se perjudica a alguien de forma menos evidente, como haciendo daño a algo o alguien que es importante para esa persona. O también retirando beneficios o negando derechos
Agresión disfrazada
Cuando la forma de hacer daño es más sutil y es socialmente aceptable, pareciendo así menos grave. Utilizar motes, hacer burlas o bromas pesadas, son agresiones que encajan en esta categoría
Agresión pasiva
Más sutil si cabe, pero no por ello menos molesta o perjudicial. Ejemplos de este tipo de agresiones son comentar errores en público que pueden hacer sentir mal a otra persona, mostrar indiferencia, retirar el saludo, no avisar de un daño evitable, hacer a alguien esperar de innecesariamente, etc.

Hay personas también que utilizan la humillación ajena como forma de sentirse más fuertes. Incluso la seducción o los celos pueden ser también considerados como elementos agresivos, en la medida que tratan de conseguir la sumisión y control de otra persona.

Otro elemento dentro del conflicto que ha de ser considerado de manera especial para poder evitarlo, es la escalada de violencia. Una actitud emocional reactiva puede llevarnos sin proponérnoslo a unos niveles agresivos cada vez más altos, que pueden desembocar en agresión si no son controlados. Podemos diferenciar distintos niveles que marcan esta escalada en las relaciones interpersonales:

Diferencia
Todos tenemos un determinado carácter que puede generar mayor o menor afinidad con otras personas. Lo que en ocasiones es origen de fricciones que dan lugar a un distanciamiento
Discrepancia
La disparidad de necesidades, intereses, pero también de criterios acerca de las cosas, hace que tratemos de justificar nuestra postura con argumentos a nuestro favor y en contra de los de otro. La reiteración dará lugar a los niveles que siguen.
Desacuerdo
Éste es más manifiesto y directo, expresado generalmente de forma muy directa o vehemente que da lugar a enfrentamientos y enemistades.
Desaprobación
Cuando ya no sólo se cuestionan las posiciones y pensamientos de los demás, sino que se cuestiona a la persona. Esto suele hacerse con criticas destructivas, eliminando toda objetividad, prejuzgando y descalificando todo lo del “otro”, y muy comúnmente de forma indirecta, mediante calumnias o difamaciones.

Esta escalada supone es el caldo de cultivo de una posible agresión.

Estrechamente relacionado con la escalada de violencia, y muy evidente en casos de violencia doméstica, se encuentra el ciclo de la violencia; en el que la agresión se desplaza de forma cíclica a través de unas fases muy concretas:

Fase de tranquilidad
Todo va bien y no hay motivos para el conflicto.
Fase de acumulación de tensión
Los problemas o diferencias de criterio ponen de manifiesto comportamientos agresivos o violentos.
Fase de agresión
El aumento de las tensiones da origen a agresiones de distinta índole. Generalmente se comienza con agresiones de baja intensidad, como levantar la voz, insultos, amenazas, etc
Fase de arrepentimiento
dada la estrecha relación entre los sujetos del conflicto, se trata de que las aguas vuelvan a su cauce mediante disculpas, promesas, etc.
Comienzo de un nuevo ciclo
Tras la fase anterior se vuelve a un intervalo nuevo de tranquilidad, que dará lugar de nuevo a las siguientes fases, pero con la característica de que la fase de agresión cada vez es mas violenta.

En todo enfrentamiento o agresión emocional, el agresor recorre un estado emocional perfectamente estudiado y claramente predecible conocido como curva de hostilidad. De conocerlo, podremos gestionar mejor una situación de conflicto, pudiendo incluso llegar a controlarla y dirigirla. Las fases que se presentan son:

Fase racional
Es el nivel normal y de actitud emocional equilibrada
Fase de salida
La irritación acumulada hace que la persona se “dispare”, abandonando el nivel racional necesario para afrontar cualquier problema. Aquí empieza a comportarse de forma hostil
Fase de enlentecimiento
El estar “fuera de sí” no dura siempre y al cabo de un tiempo y de forma natural, la persona empieza a bajar su nivel hostil. Las reacciones emocionales intensas tienen en realidad una duración corta, y si no se estimula su agresividad, ésta se disuelve sola. Si se prolonga, es porque estamos sirviendo de estímulo disparador con nuestra actitud o nuestras palabras
Fase de afrontamiento
A partir de ese momento es cuando podemos empezar a intervenir o responder a la otra persona. Pero lo que digamos, nuestra reacción; puede volver a poner a la persona en el nivel de salida y activarla de nuevo, o por el contrario ayudar a que se siga calmando.
Fase de enfriamiento
La persona ya está más calmada, se dispone aquí de una situación mental más receptiva y cercana a lo racional
Fase de solución del problema
La vuelta a la fase racional es el momento adecuado para diseñar una solución al problema

Espero que estas indicaciones, que nacen no de la aplicación de ningún kata, pero si del sentido común y del estudio en el campo de la psicología, puedan servirnos para mejorar nuestras habilidades para afrontar situaciones conflictivas, que bajo mi punto de vista, son tan importantes como la correcta ejecución de un gyaku-zuki.

¿Te has visto reflejado en alguna situación, en la que de haber conocido esto, hubieras reaccionado de otra manera? ¿Consideras útil este conocimiento para la mejor gestión de los conflictos, o crees que para todo conflicto existe una respuesta física adecuada?


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